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LO QUE LA LUNA OSCURA ME SUSURRÓ

Son las 3.45 cuando el despertador suena, y al levantarme sigo algo confundida y con ese halo de ensoñación que me mantiene en una neblina de irrealidad.


He dormido raro, a juego con mis sueños. Me detengo algún tiempo a recordar aquel en el que estoy en un baño público en el cual, mire por donde mire hay inmundicia: veo vómitos, y alguna baba colgando del pomo de la puerta lo que me hace contraerme más en mí misma para evitar tocar cualquier otra cosa. Hubo más sueños pero no recuerdo más que el sabor amargo que me dejan.


Pienso en el rapé, el compañero que he elegido para este eclipse total de luna y siento un sutil estremecimiento con tan solo pensar en esta medicina ancestral. En ese momento lo último que me apetece con tal madrugón es aplicarme rapé aunque sé que la decisión de hacerlo en esta noche tan especial no responde a una cuestión de gustos o apetencias.


Comienzo a preparar el lugar desde donde veré eclipse no sin antes echar un vistazo a la protagonista de la noche, a la que la sombra ya le ha dado un buen mordisco. Tengo la suerte de que la luna está justo enfrente de la terraza por lo que coloco una esterilla en el suelo, un par de cojines y una mantita. Tomo el kuripe y el rapé que coloco sobre un tapete bordado a mano por mi madre; Una vela y un ramo de buganvillas naturales completan tal curioso bodegón.


Me tumbo y comienzo a observar como la luna, serena, se deja invadir por la sombra. Me siento inquieta viendo cómo la oscuridad le gana terreno a la luz.


En un momento, cuando la sombra-luz están al cincuenta-cincuenta, la luna se me muestra como un yin yang aunque sin las partes entrelazadas o sin el contrario en su centro. Siendo igualmente fiel reflejo de la dualidad oscuro-brillante.


Según la oscuridad va ganado terreno, siento algo de temor, como si el rostro oscuro que fuese a revelarse con el eclipse total, no fuese el de la de la luna, sino el mío.


Cuando aún queda un cansado brillo en la luna, le hago mi rezo al rapé, agradezco a las personas que han mantenido la tradición y lo han preparado y me dispongo a recibir mi exhalación con un soplo suave y largo. Y después, espero a que la oscuridad total llegue.


Comienza el eclipse

Entramos en el eclipse, la luna y yo. Primero la luna, a la que me detengo a observar curiosa. Y sí, efectivamente, tal y como habían anunciado, tiene un tono anaranjado y es más oscuro en la parte superior izquierda, donde la sombra comenzó a acariciar sus curvas.


Mirar la luna así, sin luz, es alucinante. Veo una bola anaranjada, etérea, inmóvil y la siento aún más callada. La falta de luz le confiere un carácter de lo que es, de satélite, de bola de materia, que no se percibe cuando brilla. Su magnetismo atrapa mi mirada por minutos que se convierten en cuartos de hora de pura contemplación.


Mientras la luna sigue sin brillo, la parte más oscura se va acercando al centro. Me tumbo de nuevo y comienzo a percibir la energía de la luna eclipsada y es cuando la noche, la oscuridad, la sombra de la luna comienza a susurrarme…


La oscuridad de la luna

Pero antes de hacerlo, visualizo que entro en esa oscuridad. Pero no lo hago sola, lo hago con Mike, que juntos, de la mano, nos vamos a recorrer las sombras.


Basta contemplar esa luna sin brillo para entender que en la oscuridad también hay belleza. Una belleza magnética, callada, etérea. Siento la ingravidez de la luna, la livianez.


Y si bien, antes de que llegase la oscuridad sentía temor, ahora que estoy inundada de noche, percibo que en la oscuridad hay, también, una profunda calma.


Me imagino cómo sería estar viendo este fenómeno desde la luna. Y elucubro que desde allí, el eclipse se verá de forma muy diferente, tanto que hasta mudará su nombre por eclipse de sol.


Observado la luna también entiendo que en la oscuridad hay mucha verdad. Se aprecia en la luna sin brillo, como si la luz, cuando la hay, opacara su realidad, su autenticidad. La luna oscura se muestra como lo que es. Como lo hace un rostro sin maquillaje.


El eclipse está siendo muy largo. ¿Cuándo volverá la luna a brillar? me pregunto. El eclipse me indica que llegar a la oscuridad del alma y salir de ella, es un proceso que lleva su tiempo. No se entra ni se sale rápido y hay que permanecer ahí, en las sombras, el tiempo que sea necesario. No podemos pedirle a la luna que vuelva a brillar, hay que respetar el eclipse y sus tiempos. La luz volverá, implacable, cuando el proceso acabe.


El eclipse sigue avanzando

Cuando la sombra más oscura ya no está en el centro, si no que se desplaza hacia la derecha, siento una energía sanadora llegando a mis sombras más profundas. Me siento rodeada, cuidada y protegida por taitas y por la compasiva luna. Me canto, mascullo: sana- sana- sana…


Entro en un adormecimiento, en un estado onírico al que me resisto de cuando en cuando para echar un ojo a la luna que sigue serena, flotando, mística y silenciosa. Y tengo la sensación de que está muy muy cerca, como si pudiese tocarla con los dedos si me lo propusiese.


Dibujo extraído de mi diario

En este momento, visualizo a mi familia más cercana: hermanos, padre y madre. Formamos un círculo dándonos un abrazo. A ese círculo se unen más personas: primos, familiares de familiares, amigos, sus familias… y entre todos comenzamos a formar una espiral de personas conectadas por ese abrazo. Gentes que se unen mediante un abrazo que forma una espiral infinita con toda la humanidad.



La luna ya no está anaranjada, es color nácar, como si el tiempo en la sombra la hubiese purificado, y aunque aún no refleja luz, está mucho más clara. La oscuridad ha comenzado a retirarse y no solo yo lo percibía: los pájaros, sabios, lo celebraban comenzando a cantar sus trinos más alegres, a pesar de que aún era de noche cerrada,. Darse cuenta de la conexión de los pájaros con el fin del eclipse fue un momento mágico, donde sentí de nuevo que la naturaleza baila a un son que a veces no somos capaces de escuchar. Pero aquella noche sí y yo también lo celebraba llena de dicha.



Llega la luz

Esperé hasta que la luna fue besada por la luz y comenzó a brillar de nuevo justo por donde horas atrás, la sombra la había comenzado a cortejar. Me fui a la cama, desde donde, si miraba por la ventana, podía observar como la luz sin prisas inundaba la luna de nuevo, mostrando su rostro más radiante y maquillándola de claridad. La acompañé en su camino hacia la iluminación total… hasta que caí en un profundo y sereno sueño.





Nota: todas las imágenes (menos la relativa al diario de la autora) han sido tomadas de internet y corresponden a las fases indicadas del eclipse total de luna de mayo 2022, citado en el texto.


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