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La otra vacuna

Actualizado: 2 jun 2021

La pandemia del Covid-19 ha venido a poner de manifiesto (de nuevo) la importancia de tener un organismo con todas sus funciones eficazmente operativas. Entre las funciones del organismo está la del sistema inmune, por lo que la presente situación sanitaria mundial es una oportunidad magnífica para replantearnos si nuestra forma de vivir, pensar y sentir, está manteniendo nuestro sistema inmune alerta y bien entrenado.


Desde que empezó la pandemia, vengo dándole vueltas al tema de la responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros sobre nuestra propia salud. Cuando el sistema de atención primaria se mostró colapsado (aun lo está) y las urgencias y los cuidados intensivos se veían casi desbordados por la situación, me pareció fundamental, más que nunca, que cada uno de nosotros tomásemos las riendas de nuestro bienestar y salud y nos empoderásemos en este ámbito. Entre otras razones para dar la menor guerra posible a los que estaban en primera línea de batalla. Trabajar en estar perfectamente a nivel físico y mental y, por supuesto, no enfermar fue para mí un compromiso personal que mantengo hasta la actualidad.


Ahora con la situación y la presión sanitaria mejorando y las vacunas llegando a la población, el compromiso permanece vigente. Sigue siendo fundamental que nos responsabilicemos individualmente de nuestra salud y que dirijamos nuestros esfuerzos a mantener nuestro sistema inmune fuerte y no caer en el error de dejar únicamente el trabajo a la acción de la vacuna.


Precisamente este mes me inscribí en un interesante curso de “Epigenética y felicidad”. Para quienes no hayan oído hablar de este término les explico que la epigenética es un campo emergente de la ciencia que estudia los cambios en la función de los genes hereditarios, causados por la activación y desactivación de los genes sin ningún cambio en la secuencia de ADN. Es decir, que posibilita una adaptación a las condiciones del entorno sin causar un cambio más permanente en nuestros genoma. Lo que entendí en este curso, es que nuestro modo de vida, la dieta, el medio ambiente, los hábitos, el estrés, el ejercicio, la meditación, el comportamiento y también nuestros pensamientos pueden activar o desactivar genes beneficiosos o todo lo contrario. Nacemos con muchos genes diferentes, pero eso no significa que todos estén activos. Los genes pueden activarse o silenciarse debido a los diversos aspectos mencionados, transformándose en creadores de salud o enfermedad. Y ello, a su vez, tiene un impacto directo en nuestro sistema inmune. Múltiples investigaciones científicas demuestran que la capacidad de responder y el tipo e intensidad de respuesta a antígenos, están correlacionados con el genotipo del individuo.


Según un artículo del periódico de La Razón: “cuando hablamos del origen de las enfermedades, de los dos componentes en juego, la genética normalmente aporta un 20%, mientras que el 80% restante corresponde a la epigenética; es decir, la relación dinámica entre el entorno de una persona y su impacto en los genes.” Leer artículo completo aquí:


Visto todo esto, no podemos dejar toda la responsabilidad de nuestra salud y de la respuesta de nuestro sistema inmune en manos de terceros. Necesitamos ser proactivos en la construcción de nuestra barrera frente, no sólo a este virus, si no a cualquier otro patógeno. Por tanto, para fortalecernos debemos inocularnos también esta otra vacuna: la del empoderamiento, la de la proactividad, la de la responsabilidad sobre nuestra propia salud. Si no, la vacuna hoy vendrá para evitar la gravedad del Covid-19, pero en el futuro, sin responsabilizarnos de nuestra propia salud, seguiremos siendo vulnerables.






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